Medir la pobreza para que los más pobres no se queden atrás

El progreso en los objetivos de las Naciones Unidas a menudo se evalúa utilizando la ampliamente conocida“tasa de incidencia de la pobreza”. Esta columna sostiene que tal medida tan intuitiva y popular es insuficiente, ya que diferentes regiones pueden enfrentar realidades diferentes en términos de privaciones dentro de cada indicador. Esto se demuestra, por ejemplo, en el caso de la privación de saneamiento mediante las experiencias contrastantes de Dhaka y Rajshahi en Bangladesh. Los autores proponen nuevas medidas que pueden ayudar a asegurar que los más pobres no se “queden atrás”.

Las Naciones Unidas prometió que “nadie se quedaría atrás” en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Para lograr esta promesa, la institución estableció una serie de metas y objetivos.

Por ejemplo, la Meta 1.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) requiere reducir la pobreza en todas sus dimensiones, además de erradicar la pobreza monetaria extrema, mientras que la meta 2.2 de los ODS requiere acabar con todas las formas de malnutrición, y la meta 6.1 de los ODS requiere lograr un acceso universal y equitativo al agua potable segura y asequible para todos.

Cumplir el compromiso de manera efectiva significa garantizar que el progreso general priorice a los más pobres y necesitados. La pobreza es multidimensional y las privaciones deben observarse juntas. Pero también puede ser relevante para la política pública centrarse en una dimensión o indicador en particular.

La métrica de pobreza más conocida es la “tasa de incidencia de la pobreza”, que mide la proporción de la población que no alcanza un umbral de subsistencia. Si bien es fácil de entender, este indicador ignora la profundidad de las privaciones.

En otras palabras, la tasa de incidencia de la pobreza no captura ninguna mejora o deterioro en la situación de la población con privaciones a menos que crucen el umbral de subsistencia. Además, fracasa en dar prioridad a ayudar a los más pobres entre los pobres.

Daremos un ejemplo para demostrar cómo la tasa de incidencia de la pobreza no puede captar la profundidad de las privaciones, basado en nuestro análisis de la privación de saneamiento en Bangladesh. Clasificamos las instalaciones de saneamiento en cinco categorías ordenadas según el sistema de escala de servicios propuesto por el Programa Conjunto de Vigilancia del Abastecimiento y Saneamiento del Agua [Joint Monitoring Programme for Water Supply, Sanitation and Hygiene] de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF.

Las cinco categorías son: defecación al aire libre, sin mejoras, limitada, insegura básica y mejorada. Solo aquellos que experimentan instalaciones de saneamiento mejoradas se consideran libres de privaciones. Aquellos que experimentan el resto de las categorías se consideran con privaciones (la defecación al aire libre representa la peor forma de privación de saneamiento).

Documentamos una reducción general en la tasa de incidencia de carencias de saneamiento (es decir, la proporción de personas) en cada una de las cuatro categorías de privaciones. Pero una comparación entre dos de las provincias del país, Dhaka y Rajshahi, proporciona una visión sorprendente. En 2007, la tasa de incidencia fue muy similar en ambas provincias. Pero las proporciones de personas en las dos categorías más pobres eran mayores en Rajshahi que en Dhaka. Esta diferencia crucial entre las categorías de privación (profundidad) pasa desapercibida por la tasa de incidencia de la pobreza.

Tal limitación tiene implicaciones políticas fundamentales para hacer de los más pobres la prioridad. Por un lado, simplemente mejorar la situación de aquellos que se encuentran con menos carencias, mientras que se deja de lado a aquellos que experimentan la peor forma de privación, será suficiente para reducir la tasa de incidencia de la pobreza. En contraste, si los responsables de la formulación de políticas mejoran la situación de los más pobres, sus esfuerzos no son necesariamente reconocidos por esta medida, lo que los desalienta de este noble curso de acción.

Entonces, ¿cómo debemos evaluar la pobreza sin ignorar la profundidad de las privaciones o descuidar a los más pobres si los indicadores de desarrollo tienen más de dos categorías ordenadas?

Normalmente, los datos para una variable ordinal consisten en la proporción de la población en cada una de las categorías ordenadas. Estas proporciones en diferentes categorías pueden usarse para construir medidas de pobreza de modo que sean sumas ponderadas de proporciones de población en categorías de privación. Los valores de estos pesos dependen del orden de las categorías correspondientes.

Al igual que la tasa de incidencia de la pobreza, estas medidas son intuitivas. Pero, a diferencia de la tasa de incidencia, son sensibles a la profundidad de las privaciones y se adaptan para garantizar que se dé prioridad a los más pobres entre los pobres. Por lo tanto, nuestras medidas también pueden ayudar en la focalización y evaluación de los programas de alivio de la pobreza.

Ahora, uno podría cuestionar la necesidad de agregar la información sobre las categorías de privación, optando en cambio simplemente por considerar las frecuencias relativas de la población que experimenta la privación dentro de cada categoría ordenada, por separado. El último enfoque es razonable cuando el indicador tiene solo unas pocas categorías de privación; o cuando el número requerido de comparaciones de pobreza es relativamente pequeño.

De otra forma, este enfoque poco sistemático se vuelve engorroso. Incluso con solo las cuatro categorías de privaciones utilizadas en nuestra ilustración, un análisis de las dinámicas de privación en seis provincias de Bangladesh durante tres años implicaría comparar abrumadoramente 72 puntos de datos.

Alternativamente, para evitar una multitud de comparaciones, uno podría enfocarse en aquellos que sufren la categoría más grave de privación. Pero esta ruta ignora el progreso o el deterioro en otras categorías de privación.

Nuestra propuesta proporciona una solución que mantiene el número de comparaciones manejable, al tiempo que conserva la sensibilidad a la profundidad de todas las formas de privación. Da prioridad a las necesidades de los más pobres sin descuidar la difícil situación de los menos necesitados.

En la medida en que los esfuerzos globales hacia la erradicación de la pobreza se vean influidos por nuestra percepción del mundo, y que esta última tome forma con las métricas que elijamos, la necesidad de medidas de pobreza éticamente sensatas no se puede exagerar.

 

Autores:

Suman Seth es profesor de economía en la Universidad de Leeds e investigador asociado en la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford [Oxford Poverty and Human Development Initiative] (OPHI) en la Universidad de Oxford.

Gaston Yalonetzky es profesor de economía en la Universidad de Leeds. Su investigación se centra en la operacionalización estadística de conceptos y principios éticos relacionados con el desarrollo humano y económico, la agencia y las capacidades, así como la justicia distributiva.