Movilidad social en los países en desarrollo: carencias en investigación y políticas

¿Son mayores las posibilidades de un niño que crece en China que las de sus padres de alcanzar ingresos o niveles de ocupación más altos o superiores a las de un niño en India? Como explica esta columna, existe una sorprendente falta de conocimiento sobre el grado de movilidad social en países en desarrollo. El autor llama a realizar amplios esfuerzos para informar sobre las acciones que podrían llevar a cabo los gobiernos para que todos los niños en sus sociedades tengan la oportunidad de mejorar sus vidas, independientemente de su raza, clase, género u origen social y económico.

La movilidad social—definida como la capacidad de moverse desde niveles más bajos de educación o estatus profesional hacia otros más altos o desde clases sociales o grupos de ingresos inferiores hacia otros superiores—es la gran esperanza del desarrollo económico. Para muchos, también debería ser una de las características fundamentales de una sociedad justa: que las personas deberían ser capaces de ascender tan alto como pudieran y no verse perjudicadas debido a su género, raza, clase o desventajas económicas.

Entonces, ¿cómo se comparan los países en sus índices de progreso en movilidad social? Si la pregunta se dirige a las experiencias de los países desarrollados, podemos decir con un cierto nivel de confianza por ejemplo que los países europeos tienen  una mayor movilidad social que Estados Unidos. Pero si la cuestión se centra en los países en desarrollo, la respuesta es en realidad que no lo sabemos.

La falta de conocimiento sobre movilidad social en los países en vías de desarrollo es sorprendente dado que muchos de los países del Sur global han experimentado una transformación económica significativa y un rápido crecimiento económico. Muchas personas han dejado las granjas en las que trabajaron sus padres para conseguir mejores trabajos en las ciudades, incrementando posiblemente las categorías profesionales de médicos, ingenieros y gestores. Todavía no podemos afirmar con certeza si las posibilidades de un niño que crece en China puede lograr mayores ingresos o niveles profesionales superiores a los de sus padres, o si son más altas que las de un niño en la India.

¿Qué explica esta laguna de conocimiento en nuestra comprensión sobre movilidad social en el Sur global? Existen tres razones importantes:

En primer lugar, los conceptos que usamos típicamente en nuestro análisis sobre movilidad social en los países desarrollados no son útiles para analizar los contextos de los países en desarrollo.

Por ejemplo, medimos la movilidad social en los países desarrollados correlacionando los ingresos del niño cuando se convierte en adulto, su nivel educativo o su nivel ocupacional con los ingresos de sus padres, nivel educativo y nivel ocupacional. Cuanto más débil es la correlación para un país concreto, asumimos en mayor grado que la movilidad social es mayor en ese país. Con esta medida, la movilidad en un país será igual de elevada si los niños de padres ricos se convierten en pobres que si los niños de padres pobres se vuelven ricos.

 

Pero en un país de bajos ingresos, una disminución de rentas no tiene el mismo significado que un incremento, ya que la primera puede representar el paso a la pobreza para el niño, un resultado que no puede ser considerado como socialmente deseable. Esto sugiere que necesitamos encontrar medidas mejores y más consistentes con la realidad de las sociedades de bajos ingresos, donde los movimientos a la baja en ingresos u ocupaciones entre generaciones son un fenómeno común que no necesariamente se corresponde a una mayor movilidad social.

Una segunda razón de por qué existe una brecha de conocimiento en nuestra comprensión sobre movilidad en países en desarrollo es que no tenemos datos sobre ingresos y ocupaciones a lo largo de muchos años para la misma generación de individuos, mucho menos sobre generaciones múltiples—abuelos, padres y niños.

En países desarrollados, es común contar con datos longitudinales que monitorean hogares a lo largo de varias décadas, permitiéndonos con ello conseguir medidas precisas de promedios de ingresos tanto para los padres como para los niños en etapas similares de sus respectivos ciclos de vida. Los datos nos resultan lo suficientemente detallados como para evaluar las posibilidades de movilidad social de los niños nacidos en diferentes vecindarios del mismo país. Esto proporciona a los responsables políticos herramientas muy valiosas para abordar las desventajas que pueden enfrentar los niños nacidos en vecindarios determinados con el objeto de mejorar sus posibilidades en la vida.

Lamentablemente, en los países en desarrollo se tardará mucho tiempo antes de que podamos ver los datos suficientemente detallados que se requieren para llevar a cabo análisis empíricos rigurosos de patrones de movilidad social entre países y dentro de ellos. Mientras tanto, necesitamos experimentar con métodos más innovativos que no sean tan exhaustivos en los requerimientos de información, pero que sin embargo proporcionen una imagen convincente de la movilidad social.

Una razón final de por qué existe un déficit de comprensión sobre movilidad social en países en desarrollo es que no tenemos suficiente conocimiento sobre los factores que impulsan la movilidad. Mientras que sabemos que en países ricos los fondos de los padres (sobre todo, ingresos) y las inversiones que realizan en la educación de los hijos son sumamente importantes para determinar las posibilidades en la vida de los niños, nos consta que también inciden otros muchos factores en la determinación de la movilidad social en países de bajos e ingresos medios.

Por ejemplo, para un progenitor pobre que pueda percibir en su hijo un claro compromiso, su incapacidad para obtener un préstamo bancario cuyo fin sea financiar la inversión del niño en educación puede restringir seriamente las posibilidades en la vida del mismo. Dichos fallos del mercado de crédito son omnipresentes en los países en desarrollo.

El tipo de vecindario en el que nace un niño también es importante en los países ricos, pero su relevancia es especialmente significativa en los países de bajos ingresos. Muchos vecindarios en países en desarrollo cuentan con un conjunto de factores que obstaculizan la movilidad social: desde escuelas de baja calidad educativa hasta falta de acceso a las redes clave para obtener información sobre empleos de buena calidad y escaso número de individuos exitosos que, puedan servir como modelo a seguir para los niños pobres.

La falta de conocimiento sobre los factores que determinan la movilidad se comporta como un grave obstáculo para los responsables políticos puesto que no resulta evidente qué deberían priorizar para incrementar la movilidad social dada la complejidad de la multitud de factores que restringen la movilidad social, especialmente entre familias pobres en países en desarrollo.

Existen ahora cada vez más investigaciones que buscan comprender la naturaleza de la movilidad social en los países en desarrollo. Pero todavía queda mucho por hacer. Quizás en la próxima década más o menos nos encontremos en mejores condiciones para recomendar a los gobiernos de los países en desarrollo qué acciones necesitan llevar a cabo para proporcionar una sociedad más justa a todos los ciudadanos — para que todos los niños en su sociedad tengan la oportunidad de progresar por igual, con independencia de su clase o condición social.

 

Autor:

El profesor Kunal Sen tiene más de tres décadas de experiencia en investigación académica y en economía del desarrollo aplicado. Desde 2019 es el director de UNU-WIDER, y es profesor de economía del desarrollo en el Instituto de Desarrollo Global de la Universidad de Manchester.