Plataformas laborales: ¿un remedio milagroso para los países del hemisferio sur?

Las plataformas digitales que conectan a los consumidores con los trabajadores que ofrecen sus servicios surgieron por primera vez después de la crisis financiera mundial, y su importancia ha aumentado con la pandemia. Esta columna examina el impacto de las plataformas laborales en los países del hemisferio sur y las oportunidades que pueden ofrecer para resolver los problemas perdurables de pobreza, desempleo y desigualdades sociales. Si bien el trabajo de plataformas agrega actualmente una nueva capa a la informalidad generalizada de los mercados laborales en los países en desarrollo, la calidad de dicho trabajo puede mejorarse mediante una nueva legislación y una negociación colectiva.

En todo el mundo, las plataformas digitales se han convertido gradualmente en el centro del capitalismo contemporáneo. El fenómeno del “capitalismo de plataformas” surgió de una combinación de la disponibilidad de amplios recursos financieros después de la crisis financiera mundial de 2007-2009 y la expansión de Internet. Se vio reforzada por la pandemia de Covid-19, que hizo de la “virtualidad” el espacio privilegiado para la socialización, el trabajo, la educación, el comercio y el consumo.

Dentro del universo de las plataformas digitales, las plataformas laborales -las que conectan a los consumidores con los trabajadores que ofrecen un servicio- ocupan un lugar fundamental. Estas empresas proponen un modelo de negocio según el cual son meros intermediarios tecnológicos sin relaciones laborales con los trabajadores, a quienes consideran autónomos. Esto ha llevado a gobiernos, sindicatos, investigadores y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a investigar la naturaleza precaria de la “uberización” o “plataformización” del trabajo.

Si bien las plataformas laborales son un fenómeno global, tienen especificidades según los lugares en los que se insertan. Esto es especialmente relevante para plataformas donde los trabajadores realizan sus tareas en un espacio geográfico determinado, como PedidosYa, Uber o Clintu. En estos casos, las empresas interactúan con los mercados laborales, las tradiciones, las instituciones y los sindicatos locales.

En los países del hemisferio norte, muchas voces argumentan que las plataformas laborales constituyen una amenaza para el estado de bienestar y el proceso histórico de “desmercantilización” del trabajo: la protección gradualmente creciente de los trabajadores durante los 30 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial a través de la legislación, beneficios sociales y sindicatos fuertes.

En décadas más recientes, la tendencia ha sido la “re-mercantilización” a medida que los empleadores buscan evadir o debilitar las instituciones de protección a través de contratos temporales, contratos de cero horas, contratos de turnos, autoempleo falso y subcontratación. Las plataformas laborales pueden considerarse la última manifestación de este proceso, que contribuye a debilitar aún más la protección laboral.

Pero este no es un problema nuevo en el hemisferio sur. Por el contrario, en lugares como América Latina, el estado de bienestar nunca ha tenido el mismo tamaño e importancia que en Europa Occidental. Asimismo, las desigualdades sociales y la informalidad de los mercados laborales son características históricas de las sociedades del hemisferio sur, que se caracterizan por lo que el economista latinoamericano Raúl Prebisch denominó ‘heterogeneidad estructural’.

La heterogeneidad estructural implica la coexistencia de sectores donde la productividad laboral es alta o normal (es decir, similar a la alcanzada por las economías del hemisferio norte) con otros en los que, dados los grandes rezagos tecnológicos, la productividad es mucho menor (en comparación con el hemisferio norte). Esto inhibe la distribución equitativa de empleos y, por tanto, la distribución equitativa de ingresos y oportunidades de movilidad social.

De hecho, según las estadísticas de la OIT, mientras que el 61% del empleo mundial en 2016 era empleo informal, la informalidad estaba por debajo del 20% en Australia, Canadá, Estados Unidos y Europa Occidental. Esto contrasta con el 53% en América Latina, el 68% en Asia y el Pacífico y el 86% en África, lo que sugiere que la informalidad de las plataformas laborales agrega una nueva capa a la informalidad existente en el hemisferio sur.

Además, en los primeros años de las plataformas laborales, el trabajo en muchos países de América Latina (incluidos Argentina, Brasil y Colombia) lo realizaban trabajadores migrantes de Venezuela. En su mayoría eran hombres con altos niveles de educación, que encontraron en las plataformas una oportunidad de desarrollo y un “refugio” del desempleo estructural y la pobreza.

Con la pandemia, las plataformas laborales se han convertido en un refugio para grupos adicionales, no solo para los trabajadores migrantes sino también para los trabajadores informales locales, que han perdido sus trabajos informales tradicionales debido a la crisis de Covid-19. Así, ha habido una especie de “movilidad horizontal” dentro de la economía informal: de un tipo de actividades informales a otro tipo digitalizado.

Desde esta perspectiva, las plataformas constituyen una oportunidad de trabajo y buenos ingresos para muchos trabajadores. De hecho, según encuestas entre trabajadores de reparto de alimentos realizadas en Brasil, México, Argentina y Chile, las plataformas son la principal o única fuente de ingresos para los trabajadores involucrados. El trabajo de plataformas también ofrece ingresos más altos que los salarios mínimos locales.

El otro aspecto clave que enfatiza esta investigación en América Latina es que los trabajadores valoran mucho su “autonomía”, es decir, la capacidad que tienen (o creen tener) para organizar su propia jornada laboral, sin jefes.

Pero como lo demuestran los estudios en América Latina y en otros lugares, los trabajadores no son tan libres como pretenden ser. Están controlados (directa o indirectamente) por las plataformas a través de la “gestión algorítmica”, y necesitan trabajar muchas horas para obtener ingresos superiores a los salarios mínimos locales.

Estas características están en el corazón de los sentimientos de injusticia de los trabajadores y de las muchas experiencias de organización de trabajadores y luchas contra las plataformas. En América Latina, por ejemplo, ha habido cientos de huelgas de motociclistas durante la pandemia, marcadas por hashtags ampliamente utilizados como #BrequeNosApps y #EnTuPedidoVaMiVida, y que exigen protección de salud y seguridad (en forma de gel de alcohol o máscaras) y aumentos en las tarifas de los trabajadores.

Con los altos niveles de pobreza, desempleo y desigualdades sociales en América Latina, muchos trabajadores de plataformas temen que la regulación legal de las relaciones laborales pueda tener consecuencias imprevistas: que las empresas eliminen su trabajo de “baja barrera de entrada” y se vayan de los países. En muchas entrevistas con trabajadores de plataformas en América Latina, los encuestados defienden su autonomía (real o ficticia) y temen que la regulación legal los obligue a adherirse a horarios rígidos.

Esto parece actualizar un antiguo desafío para las clases trabajadoras del hemisferio sur (solo con nuevas identidades y nuevos tipos de trabajos): el dilema entre tener un trabajo precario o no tener un trabajo en absoluto. La gran pregunta es cómo resolver este dilema: ¿cómo se pueden transformar estos nuevos trabajos precarios en trabajos de mejor calidad?

La regulación del trabajo de plataforma en países del hemisferio norte también es un tema controvertido. Ha habido una variedad de respuestas judiciales nacionales, incluido el fallo de la Corte Suprema del Reino Unido que obligó a Uber a clasificar a todos sus conductores como trabajadores, proporcionando un salario mínimo y beneficios como el pago de vacaciones y las contribuciones a la pensión. Pero aún falta una regulación legal de las relaciones laborales.

Otras respuestas regulatorias incluyen la “ley de motociclistas” en España, un nuevo decreto real que reconoce a los motociclistas que entregan alimentos de plataformas digitales como empleados en lugar de autónomos y, por lo tanto, reconoce los derechos laborales de los trabajadores.

Los convenios colectivos son una respuesta alternativa, un ámbito en el que los países nórdicos son los más avanzados. En 2021, la Cámara de Comercio Danesa y la Federación Unida de Trabajadores Daneses (3F) firmaron un convenio colectivo a nivel nacional para los servicios de entrega de alimentos. Del mismo modo, desde 2018, existe un convenio colectivo entre 3F y la plataforma danesa Hilfr, que brinda servicios de limpieza en hogares privados.

La principal diferencia entre los dos tipos de respuesta es que mientras el segundo (Dinamarca) se basa en la negociación colectiva entre sindicatos y empleadores en un sistema en el que los sindicatos y las relaciones laborales son fuertes, el primero (España) es una intervención legal del Estado. La ley española también está teniendo consecuencias imprevistas: en lugar de emplear a sus propios trabajadores, las plataformas recurren cada vez más a las agencias de trabajo temporal para que proporcionen a los trabajadores.

Ha habido una variedad similar de iniciativas para regular el trabajo de plataformas en América Latina. Por ejemplo, tribunales de Brasil y Uruguay han emitido sentencias legales sobre trabajos para plataformas digitales, reconociendo el carácter dependiente y subordinado de la relación entre Uber y conductores.

También ha habido muchos proyectos de regulación legal. En Argentina, por ejemplo, el gobierno está trabajando en un estatuto laboral especial para los trabajadores de reparto de alimentos en plataformas. Brasil, Colombia, Perú y México también están diseñando regulaciones especiales para los trabajadores de plataformas. Por ahora, todas estas son iniciativas y todavía no son leyes, y todavía no pueden contar con el apoyo total de empresas o sindicatos.

Es innegable que el Estado tiene un papel clave que jugar en la regulación de las relaciones laborales en las plataformas, particularmente en países altamente desiguales donde las grandes empresas pueden aprovechar los mercados laborales precarios. La estandarización de la relación laboral en las plataformas puede garantizar los derechos laborales de los trabajadores, pero también puede reducir algunos de sus beneficios, como la autonomía y las ganancias comparativamente buenas que pueden proporcionar. Además, las leyes vagas continúan brindando espacio para que las empresas controlen el proceso laboral en sus propios términos, a través de la gestión de algoritmos.

Para lograr resultados mejores y más sostenibles en la regulación del trabajo de plataformas, es imperativo que, al diseñar nuevas leyes, los responsables de la formulación de políticas participen en un diálogo más intenso con las empresas de plataformas, los trabajadores y sus organizaciones.

La negociación colectiva puede hacer una contribución real a la mejora de la calidad del trabajo de plataformas y debe ser promovida por los gobiernos. La búsqueda de consenso también reducirá la amenaza (ya poco convincente) de las empresas de plataformas de que pueden abandonar los países del hemisferio sur.

 

Autora:

 

Julieta Haidar es profesora asociada del Centro de Innovación Laboral (UMET/CONICET) y de la Universidad de Buenos Aires.

 

Este artículo fue publicado como parte de nuestra serie Future of Work desarrollada en asociación con Future of Work in the Global South (FoWiGS), una iniciativa financiada por el IDRC y administrada por CIPPEC. Ramiro Albrieu, líder de proyecto de FoWIGS, se unió a nuestro panel de revisión para esta serie.