China y la nueva arquitectura financiera mundial

Para fortalecer la Iniciativa del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda para la cooperación internacional, China está haciendo un esfuerzo por establecer una nueva arquitectura financiera mundial. En este artículo se argumenta que somos testigos de la emergencia de una nueva configuración de poder en el mundo y del desplazamiento del epicentro del sistema internacional, después de cinco siglos, del Atlántico Norte al Pacífico Asiático.

En años recientes, sobre todo después de la crisis financiera estadounidense de 2008, China ha estado haciendo un gran esfuerzo por construir una nueva configuración global de poder.

En primer lugar, en una declaración que hizo en marzo de 2009, el Presidente del Banco Central Chino, Zhou Xiaochuan, señaló la necesidad de superar las vulnerabilidades de una economía mundial anclada en una moneda nacional; también subrayó la importancia de repensar las propuestas de Bretton Woods de Keynes, quizás al fortalecer los derechos especiales de giro en reemplazo del dólar norteamericano. Desde ese entonces, la internacionalización del yuan ha sido la orientación central de la política exterior china, no mera retórica.

En segundo lugar, la iniciativa del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en su 6a Cumbre en Fortaleza de julio de 2014, dio lugar a la creación del Nuevo Banco de Desarrollo y al Acuerdo sobre Reservas Contingentes. Se trata de un banco para financiar proyectos de inversión en los BRICS y otros países. Cuenta con un capital suscrito de US$ 50 mil millones, un capital autorizado de US$ 100 mil millones y un fondo de estabilización para compartir reservas por un valor de cientos de miles de millones de dólares en caso de crisis financieras.

En tercer lugar, China ha ampliado su papel como financiador mundial de infraestructura a través del Banco Chino de Desarrollo y el Banco de Importación y Exportación de China, establecidos en 1994 como bancos de desarrollo estatales. Entre 2005 y 2012, el financiamiento chino para América Latina fue superior a US$ 86 mil millones, una cifra superior a la inversión sumada del Banco Mundial, el US Eximbank y el Banco Interamericano de Desarrollo. Además de créditos en abundancia, en general las las negociaciones se hacen sin condiciones políticas, lo cual es una propuesta atractiva para muchos países.

En cuarto lugar, la inversión extranjera directa y los contratos de China han crecido a tasas sorprendentemente elevadas. Cada vez más, el país no es sólo un gran beneficiario de la inversión extranjera directa, sino también una fuente importante de ella en el extranjero. Derek Scissors ha hecho un estudio minucioso de la escala de la evolución de estas inversiones y su distribución por país y sector.

En efecto, China se está convirtiendo en la principal fuente de inversión extranjera directa en el mundo, lo cual es impulsado en gran medida por las empresas estatales que actúan en consonancia con los intereses del gobierno. No es coincidencia que el número de empresas chinas en la lista de Fortune 500 se ha incrementado exponencialmente: en la clasificación de 2014, ya había 95 empresas chinas (incluyendo Hong Kong), mientras que la participación de las de Estados Unidos disminuyó de 132 a 128.

En quinto lugar, China está ofreciendo alternativas al principal mecanismo estandarizado para transacciones financieras mundiales, SWIFT (Sociedad para la Telecomunicación Financiera Interbancaria Mundial), fundado en 1973 en Bruselas. Un ejemplo en este sentido es su propuesta de crear un sistema de pago internacional (CIPS), de 2015 –una iniciativa que los oficiales del gobierno ruso querían ampliar al crear un sistema de pago nacional.

En el fondo, el gobierno chino está trabajando hacia la desdolarización mundial y la internacionalización de su propia moneda, el yuan, al firmar swaps de cambio bilaterales, producir centros de liquidación directa fuera de Asia y con la apertura programada del mercado de capital.

En sexto lugar, China creó el Fondo de la Ruta de la Seda con recursos por un monto de US$ 40 mil millones de las reservas internacionales y bancos chinos (la Corporación de Inversiones de China, el Banco de Importación y Exportación de China y el Banco Chino de Desarrollo). Lo anterior, para profundizar la integración en Eurasia al crear una nueva Ruta de la Seda.

En el Foro de Boao para Asia en marzo de 2015, el Presidente Xi Jinping ya habló sobre las directrices para la Nueva Ruta de la Seda. El gobierno reiteró que la cooperación entre Oriente y Occidente tiene que fortalecer la inclusión, aprendizaje y beneficio mutuos para fomentar la coordinación política, el desarrollo de infraestructura y la integración económica.

Finalmente, en octubre de 2014, se creó oficialmente el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB) con un capital inicial de US$ 100 mil millones, la mitad del cual fue aportado por China. Es un banco multilateral de desarrollo (BMD), que se centra en infraestructura y otros sectores productivos en Asia, de manera complementaria y en cooperación con los bancos de desarrollo existentes.

Juntos, todos estos factores muestran un cambio en la estructura del financiamiento mundial y hacen que China sea, más que nunca, un jugador muy importante; un país que está preparado para liderar el proceso de la integración euroasiática, reconstituir un sistema sinocéntrico y elevar su estatus como poder mundial.

China está lista para desafiar el proyecto estadounidense de una globalización ‘neoliberal’ e intervencionista. De hecho, esta nación está ampliando su compromiso y siendo más asertiva al promover esta nueva arquitectura financiera que, a su vez, apoya la Iniciativa del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda que, en la práctica, es una ‘globalización con características chinas’.

Este tipo de políticas tendrán un impacto profundo en el orden mundial emergente, con una serie de enormes desafíos como las contradicciones del proceso euroasiático de desarrollo e integración mismo, la reacción de la súper potencia (Estados Unidos), la competencia china con potencias regionales (especialmente India y Japón) y crisis e inestabilidades en países pobres de Eurasia y el Pacífico Asiático.

 

Autor:

Diego Pautasso tiene un diploma en Geografía de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), además de una maestría y un doctorado en Ciencias Políticas de la UFRGS. En la actualidad es Docente de Relaciones Internacionales en la Universidad de Sinos Valley (UNISINOS) y de Geografía en el Colegio Militar de Porto Alegre.